Incorporar harina de algarroba: cuánto y por qué hacerlo

En la búsqueda de ingredientes más saludables y funcionales, la harina de algarroba gana terreno como una alternativa con múltiples beneficios. Derivada del fruto del algarrobo (Ceratonia siliqua o Prosopis spp.), esta harina no solo aporta sabor y color similares al cacao, sino que también mejora el perfil nutricional de las preparaciones.

Según la Ficha Nº 40 de Alimentos Argentinos (MAGyP, 2015), la harina de algarroba contiene hasta un 30% de fibra, es fuente de hierro, calcio y proteínas, y tiene un bajo contenido de grasas y azúcares simples. Gracias a su dulzor natural, permite reducir el agregado de azúcar en recetas de repostería. Además, no contiene gluten, aunque su aptitud para celíacos debe estar certificada por la autoridad sanitaria.

Pero ¿cuánto conviene usar? El mismo documento indica que en panificación se recomienda reemplazar hasta un 5% de la harina de trigo por harina de algarroba para mantener una buena textura y volumen. En cambio, en productos como galletitas dulces, el reemplazo puede llegar hasta el 12%, aportando sabor, color y mayor contenido nutricional.

Un estudio reciente del Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos y Nutrición (ICTAN-CSIC) de Madrid, publicado bajo el título Algarroba, una elección saludable en la nueva gastronomía, fue más allá y analizó galletas con reemplazos de hasta el 10%. Los resultados mostraron un aumento significativo de la capacidad antioxidante (hasta 18 veces más que una galleta común), triplicación del contenido de fibra, y mayor presencia de compuestos fenólicos. Los investigadores concluyen que la harina de algarroba “puede conducir a productos más saludables y con alto valor nutricional”.

En síntesis, ya sea en pequeñas proporciones para panificados o con mayor presencia en productos dulces, la harina de algarroba se consolida como una opción valiosa para quienes buscan sabor y salud en un solo bocado.

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